|
Zafacón en la esquina famosa
Zafacón en la esquina famosa,
solitario y marginado, postrado
sobre el color anaranjado, estando
más acompañado por el abanico
de techo y el cuadro en la pared,
que por las personas pasajeras que
en el sólo quieren depositar su
materia no deseada.
Zafacón en la esquina famosa,
con envidia observa el palo de
billar que descansa en la pared,
solitario, pero esperanzado de
ser utilizado por el emborrachado
que siempre que encuentre
tres pesetas más, romperá otro
juego de billar solitario, en la
esquina famosa, así me siento
yo…
-xavi 24 agosto 2003
Te
fuiste
Sin piedad con inocencia, te fuiste
y contigo mis respiros. Sin aviso ni
demora partiste, dejando moribundo
este corazón ahora vagabundo, andando
sólo por el mundo con mucho frío
y sin rumbo. Pero estaré bien, después
del huracán viene la calma, otra vez
tengo mi alma, que hace tiempo te obsequié.
Me la has devuelto sana y salva, y sin
delirios, mi corazón en vidrios, sanará
y una vez más será capaz, ya tu verás
y aprenderás, que soy casi, casi, tanto
como tú.
-xavi
|
|
“De este modo es que funciona”
La creación en su esencia es perfecta, es amor, es pura, es mágica, es maravillosa. El ser humano, como parte de la
creación nace sin defectos, rico de espíritu. Es cuando entra en contacto con el hamartiosfera, con la estructura de pecado,
que su espíritu se contamina. Se contamina con el sufrimiento. El sufrimiento estriba en dos piedras angulares: el ego y el
deseo. Es como consecuencia del ego que dejamos de amarnos completamente. Al dejar de amarnos comenzamos a utilizar máscaras,
dejamos de ser honestos. Al dejar de amarnos comenzamos a desear. Deseamos ser más ricos, más reconocidos, más exitosos, más
atractivos, en efecto, deseamos ser diferentes a como somos. Son el ego y el deseo lo que contamina nuestras almas,
lo que detiene nuestro crecimiento, lo que nos estanca en el proceso circular de la existencia. Son el ego y el deseo la base
de la estructura de pecado. Son el ego y el deseo, los que impiden que rompamos las cadenas, que rompamos con el ciclo, que
alcancemos el Nirvana. Son el ego y el deseo lo que destruye el crecimiento colectivo de la humanidad.
-xavi 12 mayo 2005
Ella
Ella, esa mujer. De ella luego te cuento. Pero por ahora lo que importa es que ella no puede vivir sin él. Siempre
lo busca, a veces de manera muy discreta y otras de modo evidente. Y ella es fuerte, y muy bien tiene dominada la técnica
del disimulo, porque a veces parece poder dominar esa obsesión que en ocasiones le atormenta horriblemente. Pero ella lo necesita.
A él. Al pequeño general. Ese general de carácter inquebrantable, que siempre lucha hasta con la última gota de energía en
su cuerpo. Y a veces, cuando él no llega, ella se inquieta. Se impacienta y le entra la ansiedad. Pues como es natural,
lo necesario puede convertirse en vicio, y este fue el caso de esa mujer y el pequeño general. Ella lo extraña, y cuando lo
ve lo agarra, lo abraza, lo besa y por nada lo suelta. Ella, esa mujer, la que se ha enamorado no solo del pequeño general,
sino de ella misma cuando esta con él. Quizás con él, ella se siente segura, se siente en control de su vida, se siente libre.
¿Irónico, no? Pero nada de esto importa porque el pequeño general no puede negar a su dueño, su origen, y siempre después
de la guerra, o la cena con la dama, o cualquier tarea bajo condiciones atropelladoras, siempre vuelve a un mismo lugar. Si,
a ese lugar posible y probablemente oscuro, caluroso y quizás asfixiante, aunque no sabría decir con certeza pues nunca
lo he visitado; al menos es lo que cuentan. A ese lugar para ser enclaustrado con sólo una posible entrada y salida, vigilada
por una especie de barrera metálica que intenta controlar el flujo de materia. Y pues, ella, esa mujer que aparenta sin remedio
necesitar del generalito para sobrevivir; se queda sola, se acuesta e invierte las pocas horas que le brinda el universo para
descansar, en pensar. Y les dije que de ella luego les cuento, luego lo haré.
-xavi noviembre 2005
|